martes, 25 de septiembre de 2012

LAS PRÓTESIS DE LOS ANTIGUOS EGIPCIOS. CREACIÓN Y FUNCIONALIDAD.


Un par de dedos artificiales utilizados en el año 600 a.C, descubiertos recientemente, podrían considerarse las primeras prótesis funcionales de la historia, al menos es lo que parecen desmostar las primeras investigaciones llevadas a cabo por la doctora Jacky Finch, quién trabaja en el Centro de Egiptología Biomédica de la Universidad de Manchester, Reino Unido.

Los primeros datos de la investigación fueron publicados por la revista The Lancet. La doctora Jacky Finch cree haber demostrado que las prótesis de madera encontradas no eran simples adornos funerarios, sino que servían a sus respectivos dueños como dispositivos para poder caminar.

Creación y funcionalidad.

Una evidencia de que fueron creadas para su uso funcional es su capacidad para realizar y soportar un trabajo constante.

  • En primer lugar, han de soportar la enorme presión que ejerce el cuerpo humano sobre la planta del pie evitando en todo momento la rotura de la prótesis.
  • Los materiales que se empleen para su fabricación han de proporcionar una apariencia real para que tanto su portador como las personas de su entorno no se exalten al contemplarla.
  • Además ha de resultar ser un objeto duradero independientemente de los entornos a los que sea expuesto.

La primera pieza, conocida como “Dedo de Greville Chester”, se encuentra expuesta en el Museo Británico de Londres y fue hallada en Tebas cerca de Luxor, Egipto. Está datada en el año 600 a.C. Y fue creada de forma artesanal

El dedo de Greville Chester fue fabricado a partir de la madera y el cuero. Se encuentra dividida en tres partes en las que se puede apreciar el laborioso trabajo que le debió de suponer al artista. Los expertos han intentando recrear la misma técnica empleada y han descubierto que que los diferentes agujeros y unidades móviles insertadas en el interior de la prótesis consiguen darle movilidad debido a un complejo sistema mecánico difícil de imitar.

Tras minuciosas pruebas exhaustivas, se pudo comprobar que el dedo de Greville Chest presentaba ciertos muescas de impresión en las que se podía apreciar el desgaste de la prótesis, echando por tierra la idea de que simplemente podría haber sido creado como objeto decorativo funerario durante alguna ceremonia religiosa.

El equipo de la doctora Finch solicitó la ayuda de dos voluntarios con las mismas minusvalías que sus anteriores dueños para poner en práctica su teoría. Se ordenó la construcción de dos replicas exactas de las prótesis y de un par de sandalias egipcias. Uno de los sujetos afirmo que podía caminar perfectamente con ambas prótesis, aunque ambos voluntarios estuvieron de acuerdo que les resultaba más fácil la pisada con la prótesis que se encuentra en el Museo de El Cairo.

La prótesis de Tabaketenmut.

Cuando los arqueólogos encontraron la momia de Tabaketenmut debieron de llevarse una gran sorpresa. Hija de un sumo sacerdote egipcio, Tabaketenmut vivió entre el 950 al 710 a.C. Su diabetes, una enfermedad que en aquella época se desconocía y por lo tanto era intratable, le provocó una gangrena isquémica, por lo que tuvieron que amputarle el dedo del pie. Tras su muerte, ella y su prótesis quedaron congeladas en el tiempo hasta el día de su descubrimiento. Gracias a los estudios llevados a cabo, sabemos que la prótesis que le fue implantada era un muñón que no tuvo que ser cosido con puntos.

¿Son entonces estás las prótesis más antiguas del mundo?

Al menos así lo parecen, pues hasta el momento la ciencia creía que la primera prótesis fabricada por el hombre moderno era una pierna de bronce creada en el año 300 a. C y usada por un hombre romano.

Aunque cada día salen a la luz nuevos hallazgos que nos revelan un poco más la historia de nuestros antepasados, podemos asegurar a día de hoy que los antiguos egipcios tenían un amplio conocimiento sobre el mundo médico.

BIBLIOGRAFÍA:

Esta obra ha sido escrito por Akasha Valentine http://www.akashavalentine.com © 2012.

Las fuentes de información y divulgación corresponden a las siguientes páginas citadas. La autora permite la libre divulgación de este texto siempre que esté citada la fuente y la autoría de la misma.




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